Consagración al Corazón de Jesús Jesús Santísimo Dios Sacramentado, aquí estamos tus nuevos discípulos, para ofrendarte todo nuestro ser: desde la raíz de nuestro cabello, hasta la planta de nuestros pies. ¡Tómalo Señor Jesús! Para que tú ya no sufras más, nosotros somos el bálsamo de reparación; y junto con tu madre santísima, adoramos las llagas de tu Divino y Santísimo Cuerpo. ¡Señor Jesús! cúbrenos con tu sangre preciosa, y hacemos votos de mártires; para la salvación de las almas y el pronto reinado de tu Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de Tu Madre Santísima. Amén.



Consagración al Corazón de María “Oh, Corazón Inmaculado de María, yo consagro todos mis sentidos, mi sexualidad, mis sentimientos, intenciones, obras y motivaciones, a tu maternal protección. Que los rayos que brotan de tu Corazón, ceguen las insidias del diablo que desea herir a tu amado Hijo valiéndose de mi debilidad.A partir de hoy, guárdame en la virtud de la pureza; y lo que el Altísimo disponga para mi, sea al final de mis días, la ofrenda de un corazón que se esforzó por ser grato a sus ojos. Madre, a ti confío este deseo de mi corazón.” Amén, amén, amén…

CORAZON DE MARIA
CORAZON DE JESUS
NUESTRA DIOCESIS
Leer más
RADIORHUA

ENTRAR


ENLACES WEB
Enlaces web cristianos 


INTENCIONES
Nuestro Carisma PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Jueves, 12 de Octubre de 2006 17:33
                      
                  Nuestro Carisma es practicar la misericordia con los más necesitados,
                                                     en cuyas personas vemos,
                                   contemplamos y servimos al mismo Jesucristo.

  Interpretando los sentimientos del Corazón de Jesús, “Mi mandamiento es este: Amaos los uno a los otros como Yo los he amado” (Jn 15, 12) nuestra Fraternidad asume la llamada ardiente del Maestro que nos dice Ama-Me, que significa: Cuando amas a tu prójimo, estás amando a Dios; por lo tanto el prójimo es imagen de Dios y sacramento (signo) del mismo Jesucristo (1 Jn 4, 20-21)

  Servimos ardientemente a Jesús, el Señor en los Sacerdotes, que participan de su sacerdocio mediador por la llamada del Padre y la unción del Espíritu Santo, amándolos, sacrificándolos y orando por ellos (Ef6, 19-20; Col 4, 3-4;  2 Tim 1, 6-9)
  Proclamamos a todos los pueblos que el Amor está vivo, siendo imagen de nuestro Dios y permitiéndole hablar a los hombres con nuestro testimonio (1 Jn 4, 8)
  Imitamos a Jesús sirviendo a los que nos rodean sin medida y sin condiciones, haciendo todas nuestras tareas con amor. El amor que profesamos a Dios lo demostramos con obras de misericordia, tanto espirituales como corporales (Mt 25, 35-36.40)


Actualizado ( Viernes, 02 de Mayo de 2008 13:36 )